Los sistemas de suelo radiante están formados por una red de tuberías plásticas bajo el pavimento, a través de las cuales circula agua caliente a un máximo de 45º. El calor se distribuye a baja temperatura y de manera natural a través del suelo, evitando la convección del aire y consiguiendo un nivel de temperatura idóneo para el confort en el hogar.
Con respecto a los sistemas de calefacción tradicional, el suelo radiante presenta una serie de ventajas que lo hacen particularmente interesante. El consumo de energía de una instalación de suelo radiante es inferior a la tradicional entre un 20-25%; no requiere mantenimiento; y la uniforme distribución del calor por toda la superficie de la vivienda representa, desde un punto de vista fisiológico, una de las mejores soluciones en calefacción.
Funciona en combinación con una caldera o mediante sistemas de captación de energía solar.